Talara – Lobitos

Legué a Talara en una hora y media mas o menos, una vez ahí tome una pequeña furgoneta que en veinte minutos me llevó a mi destino final. Decidí preguntar si alguien conocía a Avery, mi contacto, pero nadie sabía nada de él, entonces no había otra más que ir a un hostal, pregunté por uno y me recomendaron el hostal de Don Tinoco, fui y pregunté, el precio era 15 soles por noche, me pareció bien y me quedé.

Ya en mi habitación sentado y arreglando mis cosas apareció un suizo, Samuel, me saludó y conversamos un poco, me preguntó si tenía algún plan para celebrar el fin de año, le dije que no, que no sabía, entonces muy amablemente me invito a cenar pizza en la noche, le dije que muchas gracias que ahí estaría, entonces se despidió y salió.

Tenía hambre así que fui a un lugar donde me  prepararon pescado frito con arroz y ensalada, esto acompañado de una cerveza pilsen callao bien helada, muy buena por cierto. Después  me animé a recorrer,  un poco y por supuesto ir a la playa, el clima era perfecto, pero al momento de entrar al mar salí inmediatamente ya que estaba muy frío, era por la corriente de Humboldt que en relación a la del Niño que hay en Ecuador es más fría. A la final me metí nuevamente y tome un poco de sol después. Horas más tarde regrese al hostal, para ducharme y dormir un poco.

Ya era de noche cuando desperté, escuche algunas voces, me arreglé un poco y lleve una lata de duraznos que había traído conmigo para compartirla en la cena. Entré y me presenté, estaba una familia a quienes Samuel también había invitado, me senté a conversar con ellos hasta esperar que venga el, ya que había preparado las pizzas en casa de un vecino, debido a que no tenía horno. Cuando llegó empezamos a comer, los duraznos serían el postre. Vi a Samuel  un poco cansado de tanto ir y venir, así que lo ayude limpiando y lavando los platos.

Una vez que la familia se fue, salimos a dar una vuelta y tomar unas cervezas, nos sentamos en las gradas junto a las puerta del hostal hasta que vimos que casi era media noche y la gente empezaba a preparar los monigotes para quemarlos, al parecer aquí también tenían la costumbre de quemar al viejo, como se dice en Ecuador, fue interesante. ¡Feliz año nuevo! se escuchaba en las casas vecinas, todos estaban contentos, unos ya se habían adelantado a festejar con cerveza, por otra parte Samuel, otro colega y yo también nos deseamos un feliz año. Era la primera vez que celebraba año nuevo en otro país. Un poco mas tarde y después de los saludos, Samuel me invitó a un albergue donde había una fiesta, fue una forma muy chévere de recibir el año nuevo.

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