Cavernas de Jumandi

Al frente del hotel había un restaurante,  en ese momento tenían sancocho y de segundo arroz con carne frita y ensalada,  apostamos por desayunar bien y así aguantar la jornada que nos esperaba.

Ya con el estómago lleno, tocó partir. Cerca de la parada vimos a nuestro blanco (camión), mi pana no quiso pedir aventón asi que me tocó preguntar a mi, en hora buena nos llevaron.

Resultó ser que en ese camión iba un grupo de músicos que iban a tocar en Archidona, la parte trasera estaba llena de equipos, y con ellos, nosotros apenas entrábamos, debimos ir parados y agarrados de la puerta. Conversamos con los músicos y también sacamos algunas fotos, los paisajes que vimos eran increíbles. Por ratos llovía y paraba.

Mientras veíamos los lugares que recorríamos, escuchamos un fuerte sonido, era de una llanta que explotó, al parecer había mucho peso, el camión tuvo que ir mas despacio, paramos  en el desvío a Coca, ahí el chofer cambió la llanta por otra, quisimos ayudar pero el lo hizo todo solo. Nos dio un poco de vergüenza subir de nuevo pero que mas daba.

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Nuevamente en la ruta, parecía que ya estábamos cerca, pasamos un lugar donde creímos estaban las cavernas, nos bajamos del camión y fuimos a preguntar, nos dijeron que ahí no era sino mas adelante.

Caminamos y vimos un poco de lo que había cerca del carretero, después paramos un bus que por $ 0,25 nos llevaría a las cavernas.

Llegamos, el lugar era un complejo con piscinas, las cavernas estaban al fondo. Dejamos nuestras cosas y fuimos hasta un lugar donde nos esperaba el guía. Después de entregarnos el equipo correspondiente y de una breve explicación entramos.

En cuanto avanzábamos  veíamos bastantes estalactitas y estalagmitas y de diversos tamaños, hasta que nos encontramos con una de las mas grandes “El pene de Jumandi”, según lo que nos dijo el guía, para que esta formación haya alcanzado tal tamaño debieron haber pasado miles de años.

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Habían lugares muy estrechos donde se debía andar con precaución,  pues podías tropezar o pegarte en la cabeza. Hubo un punto donde había como una pequeña piscina, todos le entregamos al guía las cámaras pues el ya sabía como hacer para cruzar. Uno por uno se iban aferrando de un tubo para cruzar, pero nosotros lo hicimos nadando ya que era una distancia muy corta.

Siguiendo el camino llegamos hasta una pequeña cascada donde sacamos fotos. En cierto punto tropecé y parte de mi pierna se hundió en un hueco, pensé que nadie me había visto hasta que escuche la carcajada de mi  pana Hernán, ya que estaba en esa posición comprometedora me sumergí pero no había fondo.

Ya estábamos cerca de la salida, cuando uno de los guías nos comentó que había otro recorrido que demoraba como seis horas.

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Al salir lo hicimos por la parte de arriba de las cavernas.

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Dejamos el complejo, como estábamos cerca de Tena, la capital de la provincia de Napo, fuimos a conocer. Dimos una vuelta y también buscamos algún lugar para merendar. Llegamos a unos quioscos que ofrecían comida típica de la provincia, comimos lo siguiente.

Seco de guanta: este tipo de carne es muy popular en el oriente, lo sirvieron con arroz y yuca.

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Chicha de chonta: bebida ligeramente ácida.

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Maito: pescado envuelto en hoja de bijao, la cual le da sabor al mismo, acompañado de yuca y ensalada criolla.

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Después a recorrer un poco, había un sujeto con una serpiente, a cambio de $3 te la ponía en  el cuello y te tomabas una foto, Hernán se animó y lo hizo. Continuamos el recorrido, casi todo estaba cerrado, así que fuimos al terminal para regresar a Baeza.

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