De Mompiche a Portete

Por la mañana salimos a comprar un poco de provisiones para pasar en Portete, una tranquila isla llena de palmeras. Tuvimos que caminar mas o menos hasta llegar, pero antes fuimos a conocer una playa  escondida y otra con arena negra que nos contaron que había.

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Para cruzar a Portete pagamos ($0.25) a una lancha para que nos lleve al otro lado. Caminamos algunos minutos hasta que encontramos el lugar done quedarnos. Primero estábamos buscando a un colega llamado Tito Padovani a quien nos recomendaron en Portete para ver si podíamos llegar donde él. Sin embargo no lo encontramos.

Ya en el sitio donde acamparíamos fuimos a ver que nos servía y nos encontramos con un árbol de mango. Armamos la carpa y una fogata para cocinar la merienda, la cual consistió en unos verdes asados con sardinas vino y galletas.

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Al siguiente día como José tenía hilo y anzuelos para pescar nos fuimos a ver que conseguíamos. Antes de eso compramos arroz con leche una niña que estaba vendiendo cerca de la orilla. Como la marea estaba baja cruzamos a la playa del hotel Decameron Mompiche. Empezamos a buscar carnada para iniciar la pesca. Después de eso nos separamos para ver que cogíamos. Mientras caminaba entre las rocas alcance a ver unas antenas, se trataba de una langosta.

Metí la mano y alcance a cogerla pero dio un sacudón y se metió en una roca. Intente de nuevo y volvió a esconderse bien. Al parecer se me escapo. Unos minutos más tarde me acerque de nuevo a ese lugar, esta vez no iba a dejar que se vaya la merienda, le pedí el cuchillo a José y con cuidado se lo enterré a la langosta. Por otro lado José también pescó pero no estaba contento con el tamaño de ese pez.

Nos fuimos a otro lugar a ver qué cogíamos, esta vez improvisamos haciendo otra caña con un pedazo de madera y una concha para que haga de peso. Unas horas más tarde finalmente logré coger algo, era un pejesapo, su apariencia era extraña y no estábamos seguros si se podía comer.

Decidimos regresar pero la marea había subido, hablamos con unos señores dueños de una lancha que llevaban turistas del Decameron Mompiche, para ver si nos podía dar una mano, y sin mayor problema nos ayudaron a cruzar.

Después de preguntar a unos pescadores si se podía comer el pez que teníamos regresamos a la carpa para preparar nuestra merienda.

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Una vez que el pescado estaba limpio lo pusimos en la brasa mientras que a la langosta la cocinamos en una olla con agua de mar.

Ya una vez con el estomago lleno nos sentamos a conversar hasta tarde.

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